jueves, 2 de febrero de 2023

Salamancas y caminos

 


Como peregrino sin rumbo fijo los caminos se abren entre plegarias calladas y salmos ásperos de monte, cerro, islas y llanura.


Aprendí en una endiablada Salamanca de gritos, ecos y retumbos que el Silencio Sideral es la vidala que canta el universo cuando la agitación ha cesado y la eterna discusión interior se acabó.


En Mitotes brujos de dolorosas espinas y santitos obtuve mis más hondas y liberadoras visiones, fui todo, fui nada, polvo y viento y comprendí las claves que jamás pronunciaré satisfactoriamente.


Y por eso cedo toda pretensión, abandono la idea previa, renuncio a la complejidad, la extravagancia y a amar a Toda la Humanidad para acercarme a los que amo y me aman,

Y me dispongo a servir con mis manos a todos los dolientes que acuden a mi puerta con nobleza, coraje y verdad.

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Susurros del I Ching, hex. 51, Chen: Trueno, Lo suscitativo, la Conmoción, Estremecimiento, Violenta caída del trueno.


 


Toda verdadera conmoción aparece con la violencia de un trueno.

Sacude los cimientos de la vida entera enfrentando de manera descarnada a la mente con el corazón.


Sin manual, sin librito de instrucciones, se inicia un hondo movimiento.


Un estremecimiento tal es síntoma de que estamos vivos, de una fuerza incontenible que nos impulsa a modificar cualquier estructura o punto de vista.


Un amor, una tragedia. Ofrendar todo a la totalidad de manera sagrada y en celebración.


La razón, esa pequeñísima puntita del iceberg de nuestra psiquis queda en suspensión, balbuceando.


Todo el magma que pulsa en nuestras honduras toma el mando, el corazón se vuelve el capitán indiscutido de la ínfima barquita en la que navegamos por los insondables mares del nagual.


Ir, seguir la línea del curso natural de las cosas y de la esencia del sentir. Siempre.


Cada salto de conciencia implica una ofrenda de algo muy preciado. Y a fin de cuentas, la Conciencia lo exigirá todo. Toda tu verdad, sin regateos.


El trueno marca un Camino por nuevos rumbos. No se puede seguir igual. Rectificar la vida y explorarse a uno mismo.


Las estructuras ceden, la lluvia benéfica se anuncia a mil millas.

Llueve. Copiosamente.

La tierra reseca vuelve a respirar.

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Susurros del I Ching, hex. 51, Chen: Trueno, Lo suscitativo, la Conmoción, Estremecimiento, Violenta caída del trueno.

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Que te encuentren en el camino

 


En las distancias de tanto camino aprendí a dejar de buscar y a ser encontrado.


A dejar de accionar y a sorprenderme por el hacer silencioso del Gran Misterio.


A abandonar la palabra que carga ruido adentro y a permitir que la gente me cuente sus historias y que la vida me relate sus maravillosos cuentos.

Refugiarme en el noble Silencio me otorga esos invaluables regalos.


Ya enseñó el máster de Pergamino:

“Consejos tienen las sendas,

Verdades los callejones,

Cuánto más largo el camino

Más hondas son sus lecciones.”


¡Qué vulgaridad la de tener que estar permanentemente opinando de todo!

¡Qué lamentable espectáculo la agitación y la imposibilidad de quietud del que no puede parar un segundo a contemplar lo que está!


Por rutas y senderos voy como en una ausente presencia observante, siendo un poco etéreo, pasando todo lo inadvertido que pueda.


Perder la forma,

Ganar en desconcierto,

Transitar el mundo tocándolo lo menos posible viajando al anonimato, y así ser la gota que un día entregará gustoso su individualidad regresando al océano, silbando bajito, tras la lluvia.

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Lo débil como poder

 


Es desconcertante experimentar que aquellos aspectos de nuestra personalidad que siempre buscamos ocultar, sean en verdad nuestra mayor virtud y nuestra fortaleza.


Desarmar al personaje es el gran salto al vacío.

Si se hace de todo: cursos, terapias, retiros, pero no se da ese salto, nada importante cambia.


La práctica de la radical autenticidad implica renuncias que son ganancias,

Humillaciones que son glorias,

Aceptar afrentas que son elogios,

Miedos que se hacen compadradas.


Morir a la Persona. Nadie alcanza la verdad con ese lastre a cuestas.


Si yo poseyera un poco de sabiduría del tamaño de un grano de arroz, renunciaría a defender al personaje y me volvería radicalmente desconcertante, impredecible, espontáneo, imposible de encasillar.


Respondería a lo que llega de manera líquida, dejaría ir lo que se va como el árbol que no retiene a sus hojas.


La mente defiende al Ego, al personajito.

El corazón libera al Yo Superior.


Y aparecería entonces la mejor versión de mí mismo.

Así fueron todos los grandes hombres de la antigüedad.

Ninguno siguió un manual ni lista de debes y no debes. Lo único en común que tuvieron entre sí fue que mantuvieron limpio su vínculo con el Gran Misterio, su radical autenticidad y su carácter poderosamente centrado en seguir su propio sentir.


Ese fue su poder, su magia, su santidad. Y su cruz. 

No sigas las huellas de los antiguos, sino lo que ellos buscaban.

“Quien quiera seguir mis pasos, que cargue SU cruz (no la mía) y me siga…”


Hoy, en algún momento del día, estarás frente a esta disyuntiva: alimentar y proteger al personaje o dejarlo caer, y abrazar la autenticidad.

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El silencio como ideología

 


En el silencio abismal encuentro la razón última de las cosas.

 Puede ser el silencio de una pequeña capillita perdida en algún caserío del norte argentino, en medio de la inmensidad bajo el cielo cordobés o en la sequedad de los desiertos de Murcia.


Me refugio ahí del ensordecedor bullerío de opiniones, de quienes sostienen esto o aquello.

Lo oigo desde mi particular costadito del mundo.


Mis oídos repudian ya toda esa máscara verbal que solo busca ocultar al desesperado hombrecito que es incapaz de hablar de su profundo sentir. Es por eso que prefiere discurrir enérgicamente sobre los grandes temas de la humanidad con un gesto muy serio.


Por un instante mágico, un día perdido ya en la línea del tiempo, algo me tocó con su pluma inundándome del Santo Silencio.


Eso bastó para siempre.


Y el lenguaje que comprendí esa tarde estaba impreso en las rocas en una extraña y antiquísima escritura.


El silencio, ese del que hablo, es mi opinión más contundente,

Mi verdad irrefutable,

Mi ideología,

Mi convicción,

El ismo por el cual mato y muero.


Es Ese Silencio.


Que no es callarse, sino que es…

No puedo ni siquiera pronunciarlo.

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El eco perdido


 Cuando nuestros símbolos rectores pierden su fuerza y su numinosidad, el espíritu queda como perdido en un desierto de aridez.


Iniciamos el deslumbrante viaje a Oriente o tierra adentro hacia el corazón del indio.


Allí las cosas más valiosas para nosotros son nombradas de la manera más bella, y todo eso que nuestra alma anhela vuelve a recibir una oleada de agua vital.


Imágenes nuevas cargadas de Mána dicen lo que las nuestras ya no pueden decir.


Pero el peligro acecha siempre. A veces seguimos a nuestra sombra, a veces viene detrás.

Si no captamos el meollo del asunto corremos el riesgo de representar la comedia del mendigo disfrazado, que queriendo ser príncipe cree que basta vestirse como tal.


El dedo y la luna,

Las huellas de los antiguos o aquello que buscaban,

Quedarse en el nombre de La Fuerza, el Mána, el Newen, el Chi, el espíritu Santo, o aceptar en silencio la Verdad última del universo.


El Amor mis amigos, es la mediodía secreta que sostiene todo lo existente. 


Dios tiene la cara del otro, y todos los textos y símbolos de los antiguos del mundo hablan cuando yo los leo de sentarse a beber el vino de la unidad que nos despacha el Gran Tabernero, de nadar sin resistirse a la corriente, de capturar el pez y olvidarse de la red.


Irse siguiendo ese eco perdido que busca lo más alto es necesario. Volver siendo uno mismo lo es más aún.

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Las fuerzas

 En nuestra alma laten ya impresos todos los caminos y procesos del universo.

Cobran significado allá afuera, 

Más su semilla está germinada en el interior.


Todo amanecer y atardecer ocurren en mi alma.

Todo otoño, toda primavera,

Todo eclipse, cada lunación.


Todo mito explica mi proceso de conciencia,

Cada oráculo habla de lo que ocurre en mi psique.


La trampa sagrada del brujo es hacer creer que habla de otra cosa, para que te comprendas a vos.


Nos gobiernan fuerzas innombrables de las que somos profundamente ignorantes.

El mito del libre albedrío, es tan solo uno más.


Bajo el inmenso río marrón se agitan esas corrientes que todo ordenan y que desconocemos,

Hasta que una flor que ayer no estaba sí está hoy,

O hasta que un anciano sabio, alrededor de un fogón,

Cuenta un cuento.

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