viernes, 18 de noviembre de 2016

Wu wei, sentido comun




Wu wei es seguir el sentido común. Es hacer lo que dicen las leyes naturales, y no hacer nada que las contradiga. Así, las acciones son fluidas y espontaneas.



Cuando se contempla en silencio y se aprende una ley natural, es tan simple que parece una perogrullada y puro sentido común, práctico. Bueno, no es más que eso.

Si se ha comprendido que es necesario cultivar el Qi, por ejemplo, no hacerlo es ir en contra del Tao. Hacerlo, es wu wei, una acción fluida y totalmente armonizada con el correr del camino. Por eso muchas veces se ha traducido este concepto como un “no hacer”. 

Es un hacer tan natural que pasa inadvertido, como una no acción.

Entender la naturaleza luego de haberla contemplado, de haber meditado sobre su curso, y hacer pues lo que haya que hacer. Ej: Si se conoce como funciona el cuerpo y se conocen los alimentos, el camino taoísta es comer lo que le hace bien y no comer lo que le hace mal.

Puro sentido común, así de vulgar. Por eso dice el Tao Te Ching: “Cuando se habla del Tao, este parece insípido, sin gracia”.

Por eso al hombre que se acomoda al Tao no se lo ve esforzarse. Sin embrollarse ni cansarse, nada deja de hacer. Ha sabido sintonizar con la corriente natural de la vida, que le indica en silencio qué momento es para cada cosa. Si usted tiene oportunidad de observar a este sabio, aprenderá sin que le hable una sola palabra los secretos del no entorpecer el curso natural de las cosas interviniendo torpemente con lo que el ego cree que es la verdad. El hombre que se vale del Tao acalla su propio yo y deja hablar a la naturaleza con su honda voz silenciosa. Ella, con un imperceptible guiño, si está atento, le indicará el momento correcto.


viernes, 11 de noviembre de 2016

Estudiar el Tao



“Si usted quiere ser un taoísta, un estudiante de la vida natural, una de las primeras cosas que debe aprender es a liberarse de los hábitos malsanos. 

Desaprender casi todo lo que hemos acumulado y empezar de cero en  muchas cosas: como respirar, qué tipo de ejercicio hacer, como comer, dormir, beber, gestionar las emociones, la energía, etc.
Cada detalle puede ir con el Tao, o en su contra.”

“Para estudiar el Tao no se necesita ninguna técnica especial: observar constantemente el interior de uno es estudiar el tao, y cuando los falsos pensamientos dejan de surgir, el Tao se revela.”



“Participe de las actividades mundanas sin dejarse arrastrar por ellas. No hace falta irse a vivir solo a una montaña para alcanzar la espiritualidad, sino que la espiritualidad es la manera en que trata usted con las cosas cotidianas. La espiritualidad es una práctica, y su campo de desarrollo es la vida ordinaria, las pequeñas cosas de cada día. 

La mente es una herramienta. 

“El noble no va en sus pensamientos mas allá de su situación”, dice el I Ching.

Es decir, usa la mente para pensar, para algo que está ocurriendo en este momento. Resolver un problema, realizar algo, etc. Ese modo de pensar concentra y fortalece el qi. Luego, se deja de pensar, se deja la herramienta a un lado.

Cuando aparecen “pensamientos”, esos son disipadores de energía. La mente está activa inútilmente, distraída, solo gastando energía.
El sabio aprende a usarla solo cuando la necesita, y a “apagarla” cuando ya no. Así, “el noble no va en sus pensamientos mas allá de su situación”.

Con la práctica cotidiana correcta, se desaprende a “ser solo mente”, y se aprende a usarla como una valiosa herramienta.
Se aprende que el taoísmo es el camino subyacente en todos los caminos, es el punto en el que todos los senderos que buscan la verdad se cruzan. Es la base última, la realidad vista sin dogmas, sin adornos, templos, ni dioses exageradamente parecidos a nosotros.


Confort



que no se u
Confort es que otro (persona, máquina) realice por nosotros la mayor cantidad de actividades. A mayor confort, menos actividad propia. Así, los mecanismos propios del ser humano se van atrofiando hasta dejar de funcionar, como un músculo que no se usa.






Entonces, el hombre moderno, muy civilizado él, y adepto a la religión del Confort Absoluto, de la Comodidad Total, pierde por completo la iniciativa propia, el ingenio resolutivo, y la fuerza biológica y vital. Se vuelve dependiente de que otro haga por él, pero eso no importa, porque es confortable, y nuestro culto 2.0 tiene al confort y a la seguridad como horizonte.

El cuerpo deja de activar los mecanismos de regulación térmica, ya no genera calor o frío por si mismo según sea el caso, de defensa, ya que no es necesario. Un aparato de aire frío-calor lo hace por nosotros, o una pila de pastillitas nos regula la inmunidad. Pero es muy confortable!

Así, el hombre de hoy se ha vuelto débil, dependiente, carente de iniciativa e imaginación para resolver cualquier inconveniente por sí mismo. Siempre en la ciudad hay otro que puede hacerlo por él.

No ocurre así fuera de la gran urbe. Hay rincones todavía: islas, montes, campo, montañas, cerros, selvas, donde aun el hombre persiste en ser un animal, con sentidos en contacto directo con los ritmos de la pacha, con el tiempo del Cielo. Sienten calor, frío, el agua, el barro, el olor a plantas o a podrido de las ciénagas, la sequedad, el viento.

La soledad lo impulsa a la autonomía, a la autosuficiencia, al ingenio, y su animalidad y su actividad propia lo mantienen pleno de vitalidad y lo fortalece, viviendo sano y vigoroso. Todo lo hace él, no hay en absoluto confort, en tanto concepto urbano. Hay animalidad, latido, vida.


Pragmatismo taoísta



Esta tradición, esta manera de ver el universo y el mundo, no suele preguntarse porque estamos acá, para que, de dónde venimos, adonde vamos, etc. Preguntas que han desvelado a todas las filosofías y religiones del mundo.




Para el taoísmo original, solo sabemos que estamos acá, y que existe algo indefinible, un orden observable por las personas atentas, que ensena el modo en que todo funciona. No hay culpa, pecados originales, karmas, sentidos o porqués. Estamos acá y eso basta. No se desprecia la vida ni el cuerpo como cosas impuras o imperfectas en pos de ideales de perfección. 


Los taoístas observaron la naturaleza y aprendieron una manera de ver y estar en el mundo en armonía con los demás seres y en plenitud.


Sus técnicas y prácticas ensenan a vivir esta vida de la mejor manera posible, fortaleciéndonos, cultivando la salud, la energía vital, la longevidad, la flexibilidad con las mutaciones del universo, la armonía de cuerpo, mente, espíritu, entre los cuales no ve ninguna separación, sino solo diferentes estados del qi, la fuerza vital, llamados los “tres tesoros”.


Eso es todo, y nada menos. Vivir la vida que tenemos plenamente, fluyendo con el Tao, el orden, la energía cósmica primordial que gobierna todo silenciosa e inadvertidamente. Sin teologías, especulaciones ni devaneos filosóficos sobre mundos futuros, vidas pasadas, paraísos e infiernos. Lo que esta, punto. El resto, “se os dará por añadidura”.


Ahora, acá mismo, eso es todo lo que tenemos. No se pregunta nada más, eso es tan solo dispersión y debilitamiento de nuestro qi, como lo son la culpa, el pensar en liberarse del cuerpo, en el sufrimiento, en agradar o desagradar a dioses externos, y demás cosas que solo mellan el espíritu y nuestro organismo, sin el cual, no hay espiritualidad posible.


Nada más. Ni nada menos. El taoísmo ensena a vivir una vida plena en cuerpo, mente y espíritu, el resto, sobra.




miércoles, 9 de noviembre de 2016

Ver el germen de las cosas

El taoismo enseña por medio de la contemplación de la naturaleza, a observar los acontecimientos cuando aún están en estado germinal, y así poder anticiparse y prevenir el devenir de las mutaciones.

Este es el pensamiento que subyace en la medicina tradicional china. El mejor medico es el que mantiene sanos, el peor médico es el que lucha contra enfermedades.
El general Sun Tzu decía: "no se puede empezar la fabricación de armas una vez que ha estallado la guerra, no se puede comenzar a cavar el pozo cuando ya se está muerto de sed."

Un médico famoso de la antiguedad confesó: "Mi hermano mayor puede ver el espíritu de la enfermedad y eliminarlo antes de que cobre forma, de manera que su reputación no alcanza más allá de la puerta de su casa.
El segundo de mis hermanos cura la enfermedad cuando ya es grave, así que su nombre es conocido más allá del vecindario.
En cuanto a mí, perforo venas, hago masajes de piel y receto complejas pociones, de manera que de vez en cuando, mi nombre llega a oído de los nobles."



viernes, 21 de octubre de 2016

La soledad del Camino

 El Sendero, transitado seriamente, es un camino solitario. Muchas veces de un gran vértigo de soledad.



Se sueltan demasiadas cosas, se profundizan y radicalizan muchos cambios, que más que cambios, son un regreso al origen, a la esencia perdida.

La gente empieza a hacer vacío, a mirar hacia otra parte.

Hay silencio, mucho frío y silencio alrededor.
Uno anda, empieza a recorrer el sendero y ya no puede volverse atrás.

Las cosas, por más insignificantes y cotidianas que sean, si no se viven de manera profunda y esencial, auténtica, dejan de interesar.
La compañía de personas que no lo oxigenan y vivifican a uno deja de ser deseable, y ya no se busca.

Uno mira a los costados, y se da cuenta que anda solo.

Así dice el capítulo 20 del Tao Te Ching:
"Sólo yo estoy impasible, inexpresivo, abobado, sin saber adónde ir.
Todos andan sobrados, yo estoy como olvidado.
Mi corazón, como el de un estúpido está caótico. Todos brillan, yo parezco estar en tinieblas. Los demás andan atentos y activos, sólo yo languidezco.
Perdido y sin paradero, cual viento en alta mar.
Todos andan ricos, sólo yo me obstino en ser un harapiento.
Me veo lejos, yo sigo el Camino."



Qi (Chi), la ecuación


 


Todo, a fin de cuentas se resume en cuánto qi ingresa, y cuánto sale.
Si todo es qi, desde lo más burdo y material hasta lo mas refinado y étereo como los pensamientos y emociones, si la salud y la enfermedad son estados de acumulación, fluidez, estancamiento o dispersión del qi, entonces es indispensable aprender a gestionar ese qi, y todo irá bien.

Hay acciones, emociones, pensamientos y palabras que agotan y dispersan el qi: egoísmo, resentimiento, odio, envidia, deseos permanentes, hipocresía, ira, mezquindad, etc.

Hay acciones, emociones, pensamientos y palabras que lo acumulan, fortalecen e incrementan: solidaridad, amor, simpatía, amabilidad, honestidad, veracidad, frugalidad, simpleza.
No hay bueno o malo, sólo acumulación y dispersión. Nietzsche lo graficaba así: "Qué es bueno? todo lo que acrecienta en el hombre el poder, la voluntad de poder, el poder mismo. Qué es malo? todo lo que debilita y resta vitalidad y sensación de poder. Qué es la felicidad? la conciencia de que se acrecienta el poder, que queda superada una resistencia. No contento, sino aumento de poder".

Debemos aprender, además de comer bien, respirar correctamente y movernos fluidamente, a gestionar esos pensamientos y emociones para estar fuertes y tener reservas.

Así, hay salud y comunión con el cosmos.
No hay dios, religión ni mandato externo. Sólo la voluntad interna, innata, de estar bien, de ser plenamente todo lo que está en nuestra individual naturaleza ser, para uno, y para vivir en armonía con los demás. Y sólo existe el qi, esa fuerza vital en movimiento que nos sostiene, nutre y motoriza.

Si aprendemos esto, tenemos una vida sin estrés, sin locura, en armonía, salud y empatía con los otros, con la tierra, los cambios y el universo.
Si no aprendemos, hay estrés, locura, ansiedad, estancamiento, el qi se fuga en nuestros pensamientos imparables, palabrerío incesante, permanentes deseos insatisfechos, emociones negras. Nos agotamos, enfermamos, y si no morimos, vivimos una vida llena de problemas y malestar, por muchos bienes que tengamos.