jueves, 29 de julio de 2021

Susurros del I Ching. Hex. 43, El desbordamiento

 


Toda transformación es una ruptura. 

¿Tienes la fuerza? Entonces ¡Da el paso con resolución!


El poder desborda los límites de lo que parecía un sereno lago.

Olvida los cerdos y los peces, ya no malgastes flechas y tiempo en ellos.

Dueño de la energía necesaria, visto el meollo del asunto resueltamente llévalo a la corte de tu consciencia. 

Con verdad. Escucha con humildad, Cede en todo, pero no cedas jamás el poder personal. 


Lo fuerte se vuelve implacable contra lo vulgar y rompes con eso. 

Deja esa casa atrás. No gires tu cabeza a esos hábitos mentales que te condujeron al desastre, a la frustración, al enojo, a la ansiedad, a la depresión, al victimismo.


Cuando hay fuerza avanzas. 

Conoce hasta adónde eres capaz.


Si te sientes sin ellas, descansas. Sin culpa, sin resignación. Sin recurrir a las armas ni a castigos. Simplemente observas con atención, te sientas a recuperar tu condición y oír esa voz que habla cuando callas.


La escalera es un tránsito de un estado del ser a otro. Mutan las situaciones y la luz y la sombra juegan a la danza del cambio y de la ilusión. Rompe, ve resueltamente un paso tras otro de lo viejo a lo nuevo.

¡A vino nuevo, odres nuevos! Verdadero, auténtico, sin falsa modestia ni mojigatería.


Asumir la tarea, el don. ¡No entierres el talento bajo la tierra! ¡No es para vos! ¡Es para Dios, que tiene la cara de los otros! ¿Qué dirás al amo cuando vuelva de su viaje a exigir lo que es suyo?


El sentido trascendente de tener un destino, una misión, una tarea que cumplir es que ya no vives para vos. Has desaparecido y sos tan sólo un silbo en el viento. Ruido de juncos, de cañaveral.


¿Viste el conflicto? ¿Te desborda la fuerza? Es propicio emprender algo entonces. Todos aquellos habituales estados interiores en los que te alojabas cómodamente han de ser aniquilados.


No devuelvas golpe por golpe a tus demonios. Simplemente disuelve el mal avanzando enérgicamente, resueltamente paso a paso en el sentido del bien.


Susurros del I Ching, hex. 43, El Desbordamiento, La ruptura, la resolución.


martes, 27 de julio de 2021

Susurros del I Ching, hex. 44, Ir al encuentro

 



Ulises sabía muy bien el poder seductor que tenía el elemento yin, y se ató al mástil de su nave para no sucumbir e ir al encuentro de las sirenas que lo llamaban con sus cantos para desviarlo de su rumbo.


La trampa puede abrirse en cualquier momento. Fuerzas y sombras que creíamos desterradas e iluminadas en nuestro camino buscan presentarse subrepticiamente, seductoramente como una frágil e inocente muchacha.


Ideas, personas, impulsos que nos desvían de nuestra senda reaparecen y claman nuestra complacencia. ¡No vayas a su encuentro!


Un intento inflexible guía al guerrero con una determinación portentosa de no “casarse con esa muchachita”. Sabe bien el sabio santo que no es buena compañía para su camino.


Un ejercicio permanente de la presencia se requiere para identificar de inmediato los gérmenes de esos trazos oscuros que intentan furtivamente reaparecer en nuestro carácter, en nuestros modos, en nuestro obsoleto sistema de creencias. 


Por el contrario. Iluminados nuestros rincones sombríos hemos de mantener esa luz encendida. “No se enciende una lámpara para ocultarla bajo un cajón”.


Ir al encuentro complacientemente de todo aquello que nos completa, nos complementa, nos impulsa al desarrollo, que nos potencia.


Nuestro “Te” puede desplegarse en plenitud si vamos al encuentro de todo aquello que está en armonía con lo que somos verdaderamente. Allí nuestra esencia personalísima, auténtica, se manifiesta y expande, y nos hace avanzar por nuestro camino de retorno a casa.


Como Ulises, atarse al mástil y no acudir a los cantos de sirena que nos desviarán de nuestro destino y misión. 


¡Identifica las fuerzas que has desterrado! Observa si un germen de ellas busca penetrar y no caigas en ser complaciente con ellas. Son las voces seductoras de tu perdición.


Acoplate a esas potencias que te impulsan, sal al encuentro de lo que te da alas, y ¡Descubre tu vuelo al fin!


Susurros del I Ching, hex. 44, Ir al encuentro, el acoplamiento.

El guijarro y el equilibrio del mundo

 



Los seres más puros se aquietan para oír las respuestas calladas del río, de la piedra y el monte.

Las verdades que maduran en su corazón se comparten en una compañía silenciosa, confiada y entregada.


Los seres saturados son ruidosos,

Pedigüeños, insistentes, llenos de desconfianza. Alzan rezos plagados de órdenes y consejos a la divinidad,

De reclamos a su entorno, miran torcido,

Arrasan con la creación, que es tan sólo el escenario inerte de su velocidad ciega.


Unos se sorprenden con la belleza de un guijarro en el río, y lo dejan ahí para no quebrar el equilibrio del mundo.

Otros lo toman para arrojar la primera piedra al pecador.

Mana

 



Cuando no está en el medio ese impedimento-obstáculo que es el Yo pedigüeño, exigidor, monitor, idealizador

Aparece la perfección,

El mensaje,

El poder,

El desaparecer.


La liberación magnífica de la insignificancia,

El asombroso don del que no está ahí,

La fabulosa experiencia de la disolución.


Y luego la transformación,

El despliegue vertiginoso de las potencias

El loco, el lobo, la santa, la bruja, la sangre, el fuego, el newén.


La fuerza del Mana, que te anunció esa voz interior hace añares hasta que tus manos y tu corazón se abrieron y tomaron por asalto amoroso su misión.

Y entonces comprendiste.


Y ya, pasar, quedar en los otros y en la tierra, y en la hierba después.

 Y quién sabe qué más.


Susurros del I Ching, hex 48, El Pozo

 



Podés cambiar de lugar, de entorno, de parafernalia exterior. Pero tu esencia sigue siendo siempre la misma. Esta no disminuye ni aumenta. 


La voz te dice: “¡Ve al pozo!”


Tu “Te” es único, personalísimo. Solo puede manifestarse, desplegarse y darse como agua fresca, o verse impedido, contaminado, frustrado, truncado, y finalmente jamás manifestado.


Ordenando tus asuntos, simplificando todos los órdenes de la vida, “revocando tu pozo”, poniéndote en concordancia con el flujo natural de las cosas, todas tus potencias manan desde lo profundo para ser dación a los otros que se arriman a la boca de tu aljibe y sumergir allí sus baldes para sacar agua pura.


En la distracción y en el perdernos en los descarríos del mundo, nuestro pozo se avejenta, se derriban las paredes y el agua se enturbia. Hace mucho que no bajabas el balde hasta el fondo. Quizás nunca lo habías hecho. 


El limo del pozo no se bebe. Ni siquiera los animales acuden a él.


A veces el cántaro está roto y no sirve para sacar el agua vital.


Has hecho el trabajo interior de limpiarlo, pero nadie acude. La historia personal es una cárcel y nadie es profeta en su tierra.


Luego tu pozo no solo es limpiado sino que has revocado sus paredes  nuevamente. 


Tu agua brota a la superficie tras las lluvias transparente, fresca, clara.


Se hace evidente que de tu pozo se puede beber agua viva. Toda la comarca lo intuye y lo menciona como novedad de aldea.


Ya tu Te florece y mana sin obstrucción, fácil, simple. Ya lo que estás llamado a ser, es.


Se acercan, extraen agua de tu pozo sin impedimento. Confían como tímidos ciervos que se arriman al río, primero temerosos, luego sin resquemor. 

¡Beben de tus aguas! ¡Elevada ventura!


Susurros del I Ching, hex. 48, Pozo de Agua, Manar.

jueves, 22 de julio de 2021

La liberación que da la insignificancia

 


¿De qué se trata a fin de cuentas toda nuestra práctica? De estar en el mundo sin ser del mundo.


De escapar a nuestra triste profana condición, dominada por la inquietud, la dispersión mental, la imposibilidad permanente de dejar de pensar en todo y en todos como si fuéramos el mismísimo Dios-Controlador-monitor. 

Por favor, esa respiración desordenada y superficial, esa ansiedad y esa angustia que puebla las noches desde que tenemos memoria.


Así hasta el final de un viaje mediocre y terrible de fantasmas ilusorios sin haber vivido un solo día de libre y vital insignificancia, llenos de tanta importancia personal que te impide dejar en paz un rato a los demás y a los asuntos del mundo. Ahhhh…. ¡La gloriosa liberación que da la insignificancia!


La santa y humilde Contemplación te regala salir de vos por un rato, olvidar tu cuerpo y sus exigencias, no ir en los pensamientos más allá de tu situación, dejar de ser el centro de tu alocado mandala, abrirlo, permitir fundirte en la totalidad durante un recreo, e ir entrenando para mantenerte ahí cada vez más, y hacer templo de las cotidianas ocupaciones.


Porque siempre están “pasando cosas” extraordinarias de las que te perdés dentro de la celda egoica de tus propios relatos, tu insoportable-mente y tu eterno lamento. La perfección del Gran Misterio suena insulsa y ordinaria si te la cuento: 


Esta masa de piedra y agua girando en el cosmos, esa bola de fuego que parece asomarse por el horizonte, a lo lejos un barco y todos los sueños y desvelos de esas pequeñas criaturas que van a bordo, las aves que se persiguen unas a otras sobre el río, el Biguá que se sumerge y sale haciendo malabares con un pez en el pico a la superficie, las cotorras que se arriman audaces, los insectos en el pasto, las ramas del ceibo pelado, el junco, los juncos, el juncal, el ondular del agua hoy mansa, la loca forma de las nubes y los colores que reflejan.


Toda esa obra se presenta al mismo instante, aquello que se puede decir en palabras, y lo que solo quedará expresado en el silencio.

Entre toda esta magia cotidiana, la demencial carrera humana que prosigue sin tregua.


No la rechazo, solo que renuncio a pertenecerle. Hago el ayuno interior ritual, abro los siete sellos y saco de su estuche mi espada mágica: se llama Contemplación. Corta sin sangre los hilos y los bordes, para derramarme y fundirme en este Gran Misterio asombroso, y así ya no entregarle mis días a las tribulaciones y cargas del mundo.


Fotos: Karmen Sojo amanecer en Río de la Plata.

lunes, 19 de julio de 2021

Pasar de Fama a Cronopio

 



¡Qué bien van las cosas cuando desconozco adónde voy!

Qué asombroso es el mundo cuando descarto los manuales y camino a ciegas, como un borracho que no sabe cómo llegó hasta su cama, pero se despierta en ella caliente y tapado.


Soltar el control, suspender la terca incredulidad.


Tres centros. El del medio suele estar cerrado. La mente es una tirana, la pulsión  vital bulle por dentro como un dragón en la cueva. La emotividad es una princesa lisiada y loca que fue encerrada en la torre.

Cuando el héroe la libera de su encierro, todas las potencias del ser se despliegan por el único camino que vale la pena transitar: el de ser absolutamente quien sos, espontáneamente, auténticamente, libremente.


Nos educan para Fama, cuando la vida está entre los Cronopios.


Me dice el brujo espinudo en la voz de un titiritero ebrio:

“Hay una escalera ardua que consta de sólo tres escalones:

Pensá bien a los demás

Cortá con el pasado.

Sé siempre amable.”


Y así, cuando participo de la hermandad de los perdidos, mi rumbo es ya claro como un cielo en la montaña. 


Pasan los convencidos, los certeros, y recojo en mi bolsa su mueca de disgusto al ver a un pobre hombre embobado, perdido en su presente eterno, como un loco alojado en el gran monasterio del mundo, a quien se lo ve a veces mirando por la ventana, o  paseando por el jardín perdiendo el tiempo, oliendo cada flor y conversando estúpidamente con las aves mientras el mundo sigue andando.