Si estás presente en el viaje, cada paso se convierte en una llegada. Al árbol, a esa piedra, a la orilla del río, a la casa aquella.
Quien abandona el viaje por pensar en dirigirse velozmente a la meta se pierde de las delicias y manjares de los hospitalarios del camino.
Si estás presente en la conversación y en el silencio podrás descubrir que hasta la persona menos pensada puede ser el nagual y darte la clave de la caja fuerte o ayudarte a encontrar la ubicación exacta de donde se oculta tu tesoro.
Hasta la más pequeña y humilde criatura puede ser la portadora del anillo.
¡Disfruta el viaje! ¡Olvida la meta!
Solo debes estar ahí.
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