Gente que es un misterio, que se abre y se cierra como flor de cactus de noche y de día.
Son abismos, a los que uno se asoma descuidando su frontera.
Llegan, se alejan, vuelven, se retiran.
Lanzarse a ellos, o dejarlos entrar, una empresa peligrosa.
Aceptar todo, no exigir nunca, no engancharse con nada. Verlos irse, y simplemente partir. Dejar pasar y agradecer la enseñanza.
El camino marca los pasos.
Percibir la energía de las personas, su dirección y su intensidad. Olvidar las palabras, una burda red para el que es capaz de Ver.
Y amarlos mucho, ¿quién sabe que terrores los abruman, qué dolor los amenaza desde el recuerdo, de qué peligros buscan protegerse en su inexpugnable atalaya?
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